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Miriam Fernández, gerocultor de Reina Victoria

El equipo de gerocultores de Los Nogales pasa mucho tiempo con los mayores y se crea un vínculo especial. Son un punto de apoyo y comparten momentos importantes, en los que se crea un clima de confianza.

Así lo explica, Miriam Fernández Rodríguez, gerocultora en Los Nogales Reina Victoria, donde trabaja desde hace 15 años.

¿En qué consiste la labor de un gerocultor y qué prioridad se le da en Los Nogales?

Somos uno de los equipos profesionales más importantes en el día a día de Los Nogales, porque nos ocupamos del cuidado básico, directo y cotidiano de los mayores.  Nos encargamos de tareas como el aseo personal o la alimentación de los residentes. Nuestro trabajo es esencial para que puedan trabajar todos los departamentos del centro.

¿Qué es lo más importante de todas las tareas que realizáis en el día a día?

Lo fundamental es que estamos acompañando a los mayores durante todo el día. Al final, pasamos mucho tiempo con ellos y se crea un vínculo muy fuerte. Somos un punto de apoyo y confianza para ellos porque compartimos muchos momentos importantes para que cada día las cosas vayan bien.

Con la pandemia, los profesionales habéis tenido que enfrentar una situación compleja ¿Qué ha supuesto para vosotros?

Fue una experiencia muy complicada para todo el mundo. En nuestro caso, además de la preocupación personal, por nuestra familia y seres queridos, teníamos la responsabilidad del cuidar de las personas más vulnerables ante el virus. Como cualquiera, teníamos temor e inquietud, que superamos con un fuerte compromiso con nuestro trabajo.

De esta experiencia he aprendido que de todo se sale y que a veces se sacan fuerzas de donde no las hay. Pero lo más es importante ha sido confirmar que el apoyo entre compañeros es un pilar fundamental para superar cualquier situación. Cuando te enfrentas a la adversidad se crea un vínculo mucho más sólido.

¿Cuál dirías qué es la parte más gratificante de tu trabajo en un centro para personas mayores?

Lo que más nos motiva es ver a los mayores contentos y que los cuidados que les damos tienen mucho que ver con ese estado de ánimo. También sentir que te agradecen tu trabajo. Por poner un ejemplo, cuando una persona con deterioro cognitivo a la que has atendido te responde con una muestra de afecto, te alegra completamente el día.

¿Qué consejos ofrecerías a aquellas personas que cuidan de sus familiares mayores fuera del entorno residencial?

En primer lugar, les diría que la vida de un cuidador es muy difícil pero que también tiene momentos muy gratificantes. Les recomendaría paciencia, porque todos vivimos momentos muy estresantes, y también que les den mucho amor a las personas mayores, porque lo más importante es que sepan que son queridos.

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