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Yolanda Domínguez, responsable de Atención al Cliente de Reina Victoria

Yolanda Domínguez trabaja en Los Nogales desde hace 20 años. Es responsable de Atención al Cliente en el centro de Reina Victoria, donde realiza también funciones de apoyo organizativo. Nació en Sigüenza y ha realizado múltiples cursos relacionados con la asistencia al mayor y la actividad en las residencias de mayores. Lo que más destaca de su labor diaria es el trabajo en equipo y que se trata de un entorno muy humano, donde se comparten experiencias y sentimientos y donde el aprendizaje es continuo.

¿Qué tareas realiza y cuáles son sus responsabilidades en el centro? ¿Cómo es su día a día?

Mi labor fundamental es proporcionar información sobre los servicios que ofrece el centro y mantener a los familiares al tanto cada vez que hay una incidencia o una situación imprevista. También me ocupo de atender y gestionar las demandas o necesidades de residentes y familiares, aportando una respuesta satisfactoria y derivando los asuntos al departamento que corresponda. En definitiva, somos un enlace entre los trabajadores, los residentes y los diferentes departamentos del centro. Además, gestionamos la parte administrativa, haciendo un seguimiento sobre la adaptación de los residentes, y participamos en las reuniones multidisciplinares donde se obtiene la mayor información de la evolución de las personas mayores.

El trabajo con personas mayores requiere vocación. En su caso ¿por qué decidió dedicarse a esta actividad?

Una buena amiga me recomendó trabajar aquí y desde el principio este trabajo me enamoró. Me sentí muy a gusto trabajando en Los Nogales. Ahora estoy contenta, feliz y satisfecha no sólo con el trabajo, sino también con el entorno donde desarrollo mi actividad. Es verdad que la parte emocional es la más difícil de llevar, porque te implicas emocionalmente con lo que les pasa los residentes o a sus familias, pero luego te queda la satisfacción de que tú les prestas una ayuda importante y que ellos se pueden apoyar en ti. Es una gran familia, donde lo que le pasa a uno le repercute al resto.

Durante los últimos meses los profesionales de los centros han realizado un trabajo muy intenso, ¿Qué destaca de todo lo que ha vivido durante este tiempo?

En primer lugar, destacaría la dedicación, el esfuerzo y el compañerismo entre los profesionales que hemos tenido que trabajar codo a codo en estos últimos meses para atender las necesidades de los residentes y de las familias. Y, sobre todo, la fortaleza de los residentes ante los cambios tan bruscos que surgieron de un día para otro, interrumpiendo su rutina diaria.

Por otra parte, hay que destacar la dedicación de los profesionales que trabajamos en esta residencia para intentar minimizar en las personas mayores el impacto, tanto físico como emocional, de la situación. Este ha sido un esfuerzo colectivo. Daba igual que fuera el cocinero, el personal de limpieza o el gerocultor. Hemos estado todos a una para que esto fuera más llevadero para los residentes. Nuestro objetivo ha sido intentar que en todo momento ellos estuvieran acompañados y darles el cariño que la familia no les podía dar porque que no les podían visitar.

¿Cuál es la parte más gratificante de su trabajo?

Sin duda, el cariño de los residentes y los momentos en que los familiares vienen y te agradecen la atención que has tenido o estás teniendo con su familiar. Es muy reconfortante cuando valoran el trabajo que se hace en cada uno de los centros. Ellos mismos muchas veces se desahogan con nosotros, porque son conscientes de que, de alguna manera, formamos parte de su familia.

Para terminar, ¿qué le diría a una persona que piensa en dedicarse al trabajo con personas mayores?

Aunque es un trabajo muy duro, sobre todo emocionalmente, ya que piensas que esa persona que cuidas podría ser tu madre o tu padre, es también un trabajo muy gratificante.  El calor humano compensa el esfuerzo físico y mental que hay que hacer, sobre todo en aquellos centros más pequeños donde todos somos una gran familia.

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