¿Por qué es importante mantener las rutinas de las personas mayores en verano?
Adaptamos los hábitos diarios a cada época del año para favorecer un envejecimiento activo, saludable y seguro
El verano trae consigo cambios en los horarios, las actividades y la dinámica cotidiana, pero mantener ciertas referencias sigue siendo fundamental para favorecer el bienestar de las personas mayores. Adaptar las rutinas durante esta época permite conservar hábitos que aportan seguridad, autonomía y orientación, sin renunciar a la flexibilidad que requieren los meses de más calor. Para profundizar en la importancia de las rutinas de las personas mayores en verano, hablamos con Yolanda Peregrín, psicóloga de Los Nogales Puerta de Hierro.
<<El objetivo no es mantener el mismo nivel de actividad que en otras épocas del año, sino favorecer una participación adaptada a las capacidades, preferencias y necesidades de cada persona>>
destaca Yolanda Peregrín, Psicóloga en Los Nogales Puerta de Hierro
Desde el punto de vista psicológico, ¿qué papel tienen las rutinas en el bienestar, la orientación y la sensación de seguridad de las personas mayores?
Las rutinas desempeñan un papel importante en la calidad de vida de las personas mayores. Mantener horarios y actividades habituales ayuda a organizar el día, favorece la orientación temporal y reduce la incertidumbre, reforzando así la sensación de seguridad, control y autonomía.
Además, estos hábitos aportan tranquilidad, facilitan el mantenimiento de un estilo de vida saludable y favorecen las relaciones sociales. Sin embargo, es importante evitar una excesiva rigidez; combinar estructura y flexibilidad permite adaptarse a los cambios y mantener un envejecimiento activo y seguro.
¿Qué aspectos debemos tener en cuenta para adaptar las rutinas de las personas mayores en verano?
Los meses más calurosos suelen modificar los horarios y la dinámica diaria, pero es recomendable mantener ciertas rutinas de las personas mayores en verano que aporten estabilidad y sirvan como referencia en el día a día. Entre ellas, destacan unos horarios regulares de sueño y descanso, una alimentación equilibrada, una buena hidratación y el cumplimiento de los tratamientos médicos pautados.
También conviene mantener la actividad física, la estimulación cognitiva y el contacto social, adaptándolos a las condiciones propias del verano. Por ejemplo, las actividades al aire libre pueden realizarse a primera hora de la mañana o al atardecer, evitando así las temperaturas más elevadas.
¿Cómo podemos acompañar la menor motivación que puede provocar el calor sin fomentar la inactividad o el aislamiento?
Mantener las rutinas de las personas mayores en verano puede resultar un reto: la energía disminuye y, con ella, las ganas de participar en algunas actividades. Esta menor actividad no tiene por qué interpretarse como apatía o desinterés, sino que puede responder de forma natural al calor y a los cambios propios de esta época.
Por ello, es importante respetar el ritmo de cada persona y adaptar las propuestas a sus necesidades. Programar las actividades en las horas de menor calor, utilizar espacios climatizados y ofrecer opciones más tranquilas puede facilitar la participación sin generar fatiga.
También conviene priorizar actividades significativas y agradables, como conversar, escuchar música, leer, realizar ejercicios suaves, participar en talleres o compartir tiempo con familiares y amigos, favoreciendo así la estimulación y el contacto con el entorno.
¿Por qué la previsibilidad es especialmente importante en las personas con deterioro cognitivo y cómo pueden ayudar los equipos y las familias durante el verano?
En el caso de las personas con deterioro cognitivo, es especialmente importante tener en cuenta las rutinas de las personas mayores en verano, ya que cuando existen dificultades de memoria u orientación, mantener referencias claras en el día a día ayuda a comprender mejor lo que ocurre, reduce la incertidumbre y aporta tranquilidad.
En verano, los cambios de horarios, las vacaciones o las visitas familiares pueden alterar esas referencias y generar mayor confusión. Por eso, conviene mantener estables aspectos básicos como el sueño, las comidas, la higiene o la toma de medicación.
Tanto los profesionales como las familias tienen un papel clave en este acompañamiento. Cuando sea necesario introducir cambios, es recomendable anticiparlos, explicarlos de forma sencilla y mantener una comunicación clara que facilite la adaptación y reduzca la ansiedad.

